ETICA POSTMODERNA DE LA CIENCIA, LA ECOLOGIA Y LA INVESTIGACION EDUCATIVA
Autor: Dr. Gustavo Ruíz T
La actual situación que confrontan las ciencias, obliga a desarrollar grandes empresas a favor de la búsqueda activa de alternativas frente a la creciente crisis paradigmática que hoy abordamos.
Las delimitaciones conceptuales que se establecen en el seno de esta cultura mass-mediática conducen a la indagación de nuevos estamentos interpretativos que cohabiten en los espacios transdisciplinarios y pluriparadigmáticos, pudiendo hallar respuestas satisfactorias en la edificación de un nuevo orden. Para Prigogine y Kaufman: "el caos es el creador del orden, es decir, a partir del caos los sistemas se autoorganizan" (P. 76).
De esta forma el enfoque educativo-ecológico se ha convertido en uno de los paradigmas de la New Age (Nueva Era); determinando las relaciones humano-conceptuales derivados de las interacciones humano-ambientales, para así ir hacia la consolidación de una genealogía ecológica que de fe de las relaciones ecoevolutivas inmanentes de los nichos sociales.
El pensamiento ecológico surge como un movimiento subversivo en contra de la aniquilación del medio ambiente y proclama la supervivencia del hombre aprovechando de forma sustentable los recursos provenientes de la naturaleza.
En el plano de la semiótica social el discurso ecológico se traduce en toda una filosofía de vida que busca la oportunidad de abordar la concepción del ecosistema como un todo dinámico y equilibrado. En tal sentido las variaciones intra y extra lingüísticas se desarrollan en el umbral metacognitivo de la semiósfera, produciendo bifurcaciones signico-interpretativas que se deslizan discontinuamente entre las relaciones ambientales y las redes neuronales del observador-lector-escritor; estableciendo una particular lectura y/o interpretación del fenómeno observado, (lectura que por demás siempre será parcial) para configurar / reconfigurar todo el marco intelectivo que performa a un individuo determinado.
El discurso social se halla interpuesto por fluctuaciones matizadas entre el poder y el deseo que preconizan asociaciones simbólicas entre: orden y caos, gesto e imágen, impulsos neuronales y rayos catódicos, vida y muerte, etc. A decir de Lanz (1995), "Este marco cultural pautado por el giro posmoderno de esta época puede propiciar un nuevo régimen discursivo para representar la sociedad, para idear una nueva lógica comunitaria, para comprender la dinámica de globo en términos de una ecología posmoderna" (P.72).
Inmersas en el plano de la discusión ecosemiótica se adicionan diversos horizontes que pretenden reconfigurar y remover el universo propio de la semiosis biológica y/o física de las relaciones ecoambientales. Tales horizontes son: la ecoética, la ecopolítica, la ecocognición, la ecotecnología, la ecomúsica, el ecodeporte, la ecoarquitectura, la ecofotografía, la ecoalimentación, la ecomedicina, la ecocosmetología, la ecocosmología, la ecocosmogonia, la ecofilosofía, etc., en fin la ecovida.
En estos momentos asistimos a la construcción del nuevo diccionario de la vida. El ecodiccionario el cual busca establecer nexos interconectivos entre las relaciones humano ambientales y sus posibles significaciones. Dicho diccionario nos sugiere la existencia de otra (s) lógica (s) la (s) cual (es) rompe (n) con el universo bipolar impuesta por la lógica Aristotélica de carácter binario, y con el paradigma mecanicista Cartesiano – Newtoniano el nos imponía una lógica lineal y única.
En tal sentido, Capra ( 1995) estima que el pensamiento integral es un pensamiento de procesos, en el cual los opuestos se unifican a través de oscilaciones, donde pensar ecológicamente es pensar en base a totalidades; a diferencia del pensamiento reduccionista el ecológico promueve las interrelaciones; por tal motivo, el ecopensamiento deviene en pensamiento complejo.
Las relaciones dialógicas focaultianas están atravesadas no solo por interacciones sígnicas – simbólicas (a las que Focault llama discurso), sino que además, dichas relaciones están interpuestas por asociaciones con instituciones. Éstas metódicas fluctúan discontinuamente a través del tiempo para configurar nuevos marcos interpretativos a los que Focault llama episteme, en tal sentido, Rojas (19 ) sostiene que "el lenguaje es una lectura de los signos inscritos en las cosas mismas" y dependiendo de la lectura / relectura que se haga, podremos construir, estructurar un modelo de realidad (siempre parcial). Por tal motivo, "el mundo es el texto primario, nuestro lenguaje el infinito comentario de ese texto" ( Rojas, 19 ) .
Es aquí donde se halla algunas similitudes entre el método del discurso de M. Focault y la teoría del pensamiento complejo propuesta por E. Morín; más específicamente con el principio dialógico.
El principio dialógico pone en relación dos términos y nociones antagónicas que a la vez se repelen y son indisolubles para comprender una misma realidad. La relación dialógica es una relación antagónica concurrente y complementaria. Y es que en casi todo el discurso Focaultiano se observa un ir y venir de conceptos que se encuentran y oponen , cual relación de fuerzas (relaciones de saber/poder); un ejemplo de esta situación se aprecia en la visión Focaultiniana de la literatura: "La literatura no es el lenguaje que se identifica consigo mismo hasta el punto de su incandescente manifestación, es el lenguaje alejándose lo más posible de sí mismo" (Dávila, 1999).
Pero si por un lado el pensamiento Focaultiano se asemeja al pensamiento complejo no implica necesariamente que dicho pensamiento sea complejo; puesto que la complejidad está inscrita en el paradigma cuántico, caótico, irreversible, holístico y virtual; enfoques de los cuales Focault dista ampliamente. De hecho la utilización de términos como: Poder/saber (vistos como relaciones de fuerzas). La forma, el especio, la historia, el cuerpo, etc. son expresiones que sugieren la existencia de toda una anatomía social organizada, jerarquizada la cual aspira estandarizar al comportamiento humano. En tal sentido Focault reduce la complejidad a una linealidad, es decir, a un mecanismo Cartesiano – Newtoniano y es que las palabras por más resignificadas que estén, comportan un sentido que no se halla en el hombre u hombres que las usan; las palabras se independizan de sus palabreadores, creando nuevas realidades – realidades que a la vez no son tales.
¿En Focault ese alejarse y acercarse por otro lado no sugiere una visión circular o cíclica, al igual que en los procesos ecológicos?.
Y es que Focault dice alejarse para mirarse a través del otro que a la vez es producto del sometimiento de ese yo que no es yo sino que es otro. Mirando en el otro, vemos a Renato Descartes a través del ojo de Alejandro Moreno, el cual dice que: "Renato. Descartes viaja desde sí mismo hacia sí mismo y se encuentra consigo mismo.- ¿Qué otra cosa podría encontrar – como fundamento?" (6) para responderle a Moreno desde Focault, se hallaría con el otro.
Si se asume que el discurso Focaultiano es de naturaleza circular ó cíclica, se podría hallar en él relaciones complementarias que se aproximan de modo distinto, en estructura, a las relaciones clásicas de causa y efecto estudiadas a través del método científico pudiendo resultar en propuestas novedosas o en resemantizaciones de las ya conocidas.
Para intentar una aproximación a estos enigmas, cabría estudiar las ideas de Focault en relación a las interacciones generadas entre el pensamiento y el habla; en tal sentido tenemos: "Parece que el pensamiento occidental hubiera velado para que en el discurso haya el menor espacio posible entre el pensamiento y el habla; parece que hubiera velado para que el discurrir aparezca únicamente como una cierta aportación entre pensar y hablar; de eso resultaría un pensamiento revestido de sus signos y hecho visible por las palabras o, inversamente, resultarían las mismas estructuras de la lengua utilizadas y produciendo un efecto de sentido". (M. Focault. El orden del discurso)
En resumen, el método genealógico Focaultiano posee interesentes cualidades discursivas que pueden ser aplicadas en los estudios semiecológicos en relación a futuras deconstrucciones societales; es menester salvar el punto de que aún cuando Focault pueda ser considerado un filósofo ubicado de modo transitorio (en su pensamiento), entre la modernidad y la posmodernidad; su método genealógico, posee aplicabilidades que rebasan las dadas y hasta las pensadas por su creador.
Por otra parte, los aportes provenientes de las tecnologías alternativas del eco-desarrollo, del desarrollo sustentable y demás variantes de este género, son señales históricas tangibles de una búsqueda que puede desembocar – crítica y crativamente – en un nuevo modo de vivir.
En la semiótica tecnológica se observa un particular tipo de axiología, la cual parte de las necesidades inmediatas del hombre, en función de una lógica de producción y consumo. Por su parte las llamadas tecnologías alternativas surgen como una suerte de prescripción facultativas orientada a remendar el destrozo hecho por el hombre-tecnológico. La alternativa de la tecnología es el enfoque ecológico del cual dicha técnica se nutre de una ecoética la cual lleva como consigna principal: "La salvación del planeta".
Pero si se lee entre líneas y se analiza la semiogénesis de la técnica; observamos una situación muy particular, y es que aunque el discurso oficial venda la idea una cultura geocéntrica. La lógica dominante nos sigue hablando de un antropocentrismo. Y es que el hombre occidental a diferencia del oriental ha sido formado para hacerse culto a sí mismo en donde lo que hace - aun cuando produzca beneficios para otros – es canalizado en base a una autosatisfacción.
Nuestra cultura occidentalizada define de la tibral indígena y de la asiática en que sus bases filosóficas se orientan hacia el individuo.
Es menester reconocer que la actual hibridización del mundo producto de la aldea global, y todos los procesos de transculturización nos presenta una occidentalización de oriente una orientalización e occidente procesos civilizatorios antes antagónicos, hoy complementarios.
Y es que tal vez la esperanza la encontraremos en este nuevo proceso civilizacional al cual podríamos llamar el nuevo Yin – Yang posmoderno o simplemente ecocivilización.
Tal vez como nunca antes, el tema de los valores cobra hoy una importancia capital para los destinos del género humano. Se trata de una relevancia no sólo teórica, sino, sobre todo, práctica. Vivimos la paradójica situación de un mundo que dispone de altísimos niveles de desarrollo económico y tecnológico y sobre el cual se ciñen, sin embargo, los más amenazantes peligros que haya tenido que enfrentar la humanidad en toda su historia. Peligros que provienen no de fuentes puramente naturales, no de imaginarios ataques extra-terrestres, sino –he ahí la paradoja- del propio accionar humano. Las catástrofes “naturales” son cada vez menos naturales y el reiterado anuncio hollywoodense de una guerra inter-galáctica ha encontrado su correlato real en conflictos cada vez más terrenales. Mientras tanto, una masa creciente de mujeres y hombres, de niños y ancianos –muchas veces olvidados, lamentablemente, por ecologistas y por Hollywood- carecen de las condiciones más elementales para una vida que dignifique el calificativo de “humana”, en circunstancias –y he ahí de nuevo la paradoja- en que los niveles productivos y tecnológicos alcanzados son más que suficientes para otorgarle una vida digna a cada ser humano.
Los valores suplen, en la sociedad, la función que en otras especies desempeñan los instintos biológicos, sobre todo, el de la autoconservación. El hecho de que el género humano haya puesto en peligro su propia supervivencia es el más claro indicador de la aguda crisis de valores por la que atraviesa. La comprensión de esta crisis, en su sentido más profundo, es un requisito imprescindible para su superación. Y ello presupone indagar en el complejo mundo de los valores humanos.
Claro que no se trata de un acercamiento totalmente nuevo. El problema acerca de la naturaleza de los valores ha sido uno de los más debatidos en el último siglo de desarrollo del pensamiento filosófico universal. Diferentes respuestas –naturalista, subjetivista, objetivista, sociologista- han intentado explicar, desde distintas perspectivas, este intrincado asunto. Sin embargo, no puede decirse que al respecto haya sido dicha la última palabra. Las propuestas han sido casi siempre unilaterales, haciendo énfasis en una determinada manifestación de los valores y obviando otras. Y mientras que el asunto de la naturaleza de los valores siga siendo un problema abierto, sin una solución medianamente definitoria en el plano teórico, el tema de su crisis seguirá cargando el lastre de esta carencia cosmovisiva y metodológica y continuarán sin respuesta precisa muchas preguntas básicas necesarias para su enfrentamiento práctico.
Tanto en sentido social como individual, por sus modos de expresarse en los objetos valiosos, en la conciencia valorativa o en las normas y preceptos que rigen las instituciones sociales, los valores se ramifican y penetran las más diversas facetas de la vida humana y poseen su manifestación específica en la economía, en la moral, en el arte, en la política, en el mundo del derecho, de la religión, y como ingredientes inalienables de los procesos educativos. De ahí que sea imprescindible la elaboración de una teoría axiológica coherente y lo suficientemente amplia como para otorgarle el espacio necesario y poner en conexión esta multivariedad de expresiones de los valores.
Autor: Dr. Gustavo Ruíz T
La actual situación que confrontan las ciencias, obliga a desarrollar grandes empresas a favor de la búsqueda activa de alternativas frente a la creciente crisis paradigmática que hoy abordamos.
Las delimitaciones conceptuales que se establecen en el seno de esta cultura mass-mediática conducen a la indagación de nuevos estamentos interpretativos que cohabiten en los espacios transdisciplinarios y pluriparadigmáticos, pudiendo hallar respuestas satisfactorias en la edificación de un nuevo orden. Para Prigogine y Kaufman: "el caos es el creador del orden, es decir, a partir del caos los sistemas se autoorganizan" (P. 76).
De esta forma el enfoque educativo-ecológico se ha convertido en uno de los paradigmas de la New Age (Nueva Era); determinando las relaciones humano-conceptuales derivados de las interacciones humano-ambientales, para así ir hacia la consolidación de una genealogía ecológica que de fe de las relaciones ecoevolutivas inmanentes de los nichos sociales.
El pensamiento ecológico surge como un movimiento subversivo en contra de la aniquilación del medio ambiente y proclama la supervivencia del hombre aprovechando de forma sustentable los recursos provenientes de la naturaleza.
En el plano de la semiótica social el discurso ecológico se traduce en toda una filosofía de vida que busca la oportunidad de abordar la concepción del ecosistema como un todo dinámico y equilibrado. En tal sentido las variaciones intra y extra lingüísticas se desarrollan en el umbral metacognitivo de la semiósfera, produciendo bifurcaciones signico-interpretativas que se deslizan discontinuamente entre las relaciones ambientales y las redes neuronales del observador-lector-escritor; estableciendo una particular lectura y/o interpretación del fenómeno observado, (lectura que por demás siempre será parcial) para configurar / reconfigurar todo el marco intelectivo que performa a un individuo determinado.
El discurso social se halla interpuesto por fluctuaciones matizadas entre el poder y el deseo que preconizan asociaciones simbólicas entre: orden y caos, gesto e imágen, impulsos neuronales y rayos catódicos, vida y muerte, etc. A decir de Lanz (1995), "Este marco cultural pautado por el giro posmoderno de esta época puede propiciar un nuevo régimen discursivo para representar la sociedad, para idear una nueva lógica comunitaria, para comprender la dinámica de globo en términos de una ecología posmoderna" (P.72).
Inmersas en el plano de la discusión ecosemiótica se adicionan diversos horizontes que pretenden reconfigurar y remover el universo propio de la semiosis biológica y/o física de las relaciones ecoambientales. Tales horizontes son: la ecoética, la ecopolítica, la ecocognición, la ecotecnología, la ecomúsica, el ecodeporte, la ecoarquitectura, la ecofotografía, la ecoalimentación, la ecomedicina, la ecocosmetología, la ecocosmología, la ecocosmogonia, la ecofilosofía, etc., en fin la ecovida.
En estos momentos asistimos a la construcción del nuevo diccionario de la vida. El ecodiccionario el cual busca establecer nexos interconectivos entre las relaciones humano ambientales y sus posibles significaciones. Dicho diccionario nos sugiere la existencia de otra (s) lógica (s) la (s) cual (es) rompe (n) con el universo bipolar impuesta por la lógica Aristotélica de carácter binario, y con el paradigma mecanicista Cartesiano – Newtoniano el nos imponía una lógica lineal y única.
En tal sentido, Capra ( 1995) estima que el pensamiento integral es un pensamiento de procesos, en el cual los opuestos se unifican a través de oscilaciones, donde pensar ecológicamente es pensar en base a totalidades; a diferencia del pensamiento reduccionista el ecológico promueve las interrelaciones; por tal motivo, el ecopensamiento deviene en pensamiento complejo.
Las relaciones dialógicas focaultianas están atravesadas no solo por interacciones sígnicas – simbólicas (a las que Focault llama discurso), sino que además, dichas relaciones están interpuestas por asociaciones con instituciones. Éstas metódicas fluctúan discontinuamente a través del tiempo para configurar nuevos marcos interpretativos a los que Focault llama episteme, en tal sentido, Rojas (19 ) sostiene que "el lenguaje es una lectura de los signos inscritos en las cosas mismas" y dependiendo de la lectura / relectura que se haga, podremos construir, estructurar un modelo de realidad (siempre parcial). Por tal motivo, "el mundo es el texto primario, nuestro lenguaje el infinito comentario de ese texto" ( Rojas, 19 ) .
Es aquí donde se halla algunas similitudes entre el método del discurso de M. Focault y la teoría del pensamiento complejo propuesta por E. Morín; más específicamente con el principio dialógico.
El principio dialógico pone en relación dos términos y nociones antagónicas que a la vez se repelen y son indisolubles para comprender una misma realidad. La relación dialógica es una relación antagónica concurrente y complementaria. Y es que en casi todo el discurso Focaultiano se observa un ir y venir de conceptos que se encuentran y oponen , cual relación de fuerzas (relaciones de saber/poder); un ejemplo de esta situación se aprecia en la visión Focaultiniana de la literatura: "La literatura no es el lenguaje que se identifica consigo mismo hasta el punto de su incandescente manifestación, es el lenguaje alejándose lo más posible de sí mismo" (Dávila, 1999).
Pero si por un lado el pensamiento Focaultiano se asemeja al pensamiento complejo no implica necesariamente que dicho pensamiento sea complejo; puesto que la complejidad está inscrita en el paradigma cuántico, caótico, irreversible, holístico y virtual; enfoques de los cuales Focault dista ampliamente. De hecho la utilización de términos como: Poder/saber (vistos como relaciones de fuerzas). La forma, el especio, la historia, el cuerpo, etc. son expresiones que sugieren la existencia de toda una anatomía social organizada, jerarquizada la cual aspira estandarizar al comportamiento humano. En tal sentido Focault reduce la complejidad a una linealidad, es decir, a un mecanismo Cartesiano – Newtoniano y es que las palabras por más resignificadas que estén, comportan un sentido que no se halla en el hombre u hombres que las usan; las palabras se independizan de sus palabreadores, creando nuevas realidades – realidades que a la vez no son tales.
¿En Focault ese alejarse y acercarse por otro lado no sugiere una visión circular o cíclica, al igual que en los procesos ecológicos?.
Y es que Focault dice alejarse para mirarse a través del otro que a la vez es producto del sometimiento de ese yo que no es yo sino que es otro. Mirando en el otro, vemos a Renato Descartes a través del ojo de Alejandro Moreno, el cual dice que: "Renato. Descartes viaja desde sí mismo hacia sí mismo y se encuentra consigo mismo.- ¿Qué otra cosa podría encontrar – como fundamento?" (6) para responderle a Moreno desde Focault, se hallaría con el otro.
Si se asume que el discurso Focaultiano es de naturaleza circular ó cíclica, se podría hallar en él relaciones complementarias que se aproximan de modo distinto, en estructura, a las relaciones clásicas de causa y efecto estudiadas a través del método científico pudiendo resultar en propuestas novedosas o en resemantizaciones de las ya conocidas.
Para intentar una aproximación a estos enigmas, cabría estudiar las ideas de Focault en relación a las interacciones generadas entre el pensamiento y el habla; en tal sentido tenemos: "Parece que el pensamiento occidental hubiera velado para que en el discurso haya el menor espacio posible entre el pensamiento y el habla; parece que hubiera velado para que el discurrir aparezca únicamente como una cierta aportación entre pensar y hablar; de eso resultaría un pensamiento revestido de sus signos y hecho visible por las palabras o, inversamente, resultarían las mismas estructuras de la lengua utilizadas y produciendo un efecto de sentido". (M. Focault. El orden del discurso)
En resumen, el método genealógico Focaultiano posee interesentes cualidades discursivas que pueden ser aplicadas en los estudios semiecológicos en relación a futuras deconstrucciones societales; es menester salvar el punto de que aún cuando Focault pueda ser considerado un filósofo ubicado de modo transitorio (en su pensamiento), entre la modernidad y la posmodernidad; su método genealógico, posee aplicabilidades que rebasan las dadas y hasta las pensadas por su creador.
Por otra parte, los aportes provenientes de las tecnologías alternativas del eco-desarrollo, del desarrollo sustentable y demás variantes de este género, son señales históricas tangibles de una búsqueda que puede desembocar – crítica y crativamente – en un nuevo modo de vivir.
En la semiótica tecnológica se observa un particular tipo de axiología, la cual parte de las necesidades inmediatas del hombre, en función de una lógica de producción y consumo. Por su parte las llamadas tecnologías alternativas surgen como una suerte de prescripción facultativas orientada a remendar el destrozo hecho por el hombre-tecnológico. La alternativa de la tecnología es el enfoque ecológico del cual dicha técnica se nutre de una ecoética la cual lleva como consigna principal: "La salvación del planeta".
Pero si se lee entre líneas y se analiza la semiogénesis de la técnica; observamos una situación muy particular, y es que aunque el discurso oficial venda la idea una cultura geocéntrica. La lógica dominante nos sigue hablando de un antropocentrismo. Y es que el hombre occidental a diferencia del oriental ha sido formado para hacerse culto a sí mismo en donde lo que hace - aun cuando produzca beneficios para otros – es canalizado en base a una autosatisfacción.
Nuestra cultura occidentalizada define de la tibral indígena y de la asiática en que sus bases filosóficas se orientan hacia el individuo.
Es menester reconocer que la actual hibridización del mundo producto de la aldea global, y todos los procesos de transculturización nos presenta una occidentalización de oriente una orientalización e occidente procesos civilizatorios antes antagónicos, hoy complementarios.
Y es que tal vez la esperanza la encontraremos en este nuevo proceso civilizacional al cual podríamos llamar el nuevo Yin – Yang posmoderno o simplemente ecocivilización.
Tal vez como nunca antes, el tema de los valores cobra hoy una importancia capital para los destinos del género humano. Se trata de una relevancia no sólo teórica, sino, sobre todo, práctica. Vivimos la paradójica situación de un mundo que dispone de altísimos niveles de desarrollo económico y tecnológico y sobre el cual se ciñen, sin embargo, los más amenazantes peligros que haya tenido que enfrentar la humanidad en toda su historia. Peligros que provienen no de fuentes puramente naturales, no de imaginarios ataques extra-terrestres, sino –he ahí la paradoja- del propio accionar humano. Las catástrofes “naturales” son cada vez menos naturales y el reiterado anuncio hollywoodense de una guerra inter-galáctica ha encontrado su correlato real en conflictos cada vez más terrenales. Mientras tanto, una masa creciente de mujeres y hombres, de niños y ancianos –muchas veces olvidados, lamentablemente, por ecologistas y por Hollywood- carecen de las condiciones más elementales para una vida que dignifique el calificativo de “humana”, en circunstancias –y he ahí de nuevo la paradoja- en que los niveles productivos y tecnológicos alcanzados son más que suficientes para otorgarle una vida digna a cada ser humano.
Los valores suplen, en la sociedad, la función que en otras especies desempeñan los instintos biológicos, sobre todo, el de la autoconservación. El hecho de que el género humano haya puesto en peligro su propia supervivencia es el más claro indicador de la aguda crisis de valores por la que atraviesa. La comprensión de esta crisis, en su sentido más profundo, es un requisito imprescindible para su superación. Y ello presupone indagar en el complejo mundo de los valores humanos.
Claro que no se trata de un acercamiento totalmente nuevo. El problema acerca de la naturaleza de los valores ha sido uno de los más debatidos en el último siglo de desarrollo del pensamiento filosófico universal. Diferentes respuestas –naturalista, subjetivista, objetivista, sociologista- han intentado explicar, desde distintas perspectivas, este intrincado asunto. Sin embargo, no puede decirse que al respecto haya sido dicha la última palabra. Las propuestas han sido casi siempre unilaterales, haciendo énfasis en una determinada manifestación de los valores y obviando otras. Y mientras que el asunto de la naturaleza de los valores siga siendo un problema abierto, sin una solución medianamente definitoria en el plano teórico, el tema de su crisis seguirá cargando el lastre de esta carencia cosmovisiva y metodológica y continuarán sin respuesta precisa muchas preguntas básicas necesarias para su enfrentamiento práctico.
Tanto en sentido social como individual, por sus modos de expresarse en los objetos valiosos, en la conciencia valorativa o en las normas y preceptos que rigen las instituciones sociales, los valores se ramifican y penetran las más diversas facetas de la vida humana y poseen su manifestación específica en la economía, en la moral, en el arte, en la política, en el mundo del derecho, de la religión, y como ingredientes inalienables de los procesos educativos. De ahí que sea imprescindible la elaboración de una teoría axiológica coherente y lo suficientemente amplia como para otorgarle el espacio necesario y poner en conexión esta multivariedad de expresiones de los valores.